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Es extraño ver al PRI, al menos a un sector de este partido, más papista que el mismísimo papa. No es un hecho menor como para dejar su análisis a una interpretación lineal de un simple utilitarismo electoral, como si los gestos de aprobar leyes antiaborto o la visita al papa de su principal alfil presidencial, (al más puro y telenovelero estilo Fox-Martita) fuera simples estrategias de marketing político para ganar simpatías entre los católicos.
No, la verdad no lo creo; el PRI no requiere, a mi parecer, de ese recurso para volver al poder. Por ello el asunto lo lleva a uno a ponerse inquisidor y rastrear trasfondos, tejer hipótesis que, equivocadas o no, ante la imposibilidad de acceder a la información de la caja negra del sistema político, pudieran ofrecer nuevas formas de entender la realidad. Va el intento.
Lo que al parecer está sucediendo es un típico cobro de factura de parte de la Iglesia Católica al PRI. ¿Motivo? El más reconocible se encuentra en el asesinato del Cardenal Posadas Ocampo. Todo indica que el purpurado tenía información clave de nexos del narcotráfico con el gobierno salinista, que ese fatídico 23 de mayo de 1993 en el aeropuerto de Guadalajara le haría una entrega especial a Jerónimo Prigione, el poderoso nuncio papal en México, que llegaba vía aérea al aeropuerto tapatío para recibir la información.
Lo que vino después lo conocemos bien: la absurda versión de la confusión del Cardenal con el Chapo Guzmán, el patético Jorge Carpizo jugando al Nintendo en red nacional; Salinas llegando a la catedral de Guadalajara a montar guardia (o a verificar que todo iba bien), de ahí los intentos de algunos panistas de la corriente más conservadora para reabrir el caso; las presiones de algunos sectores del Vaticano para que se siguiera la investigación; un sicario en la cárcel con una versión muy distinta y, de ahí, una especie de olvido del asunto.
Quien parece no haberse olvidado del tema es la alta jerarquía mexicana de la Iglesia Católica, quienes, si bien no tienen pruebas contundentes de la autoría intelectual del asesinato de Posadas Ocampo, es muy probable que hubieran conservado pruebas de los vínculos del narcotráfico con el gobierno salinista y otras esferas de gobierno de aquel PRI, y justo ahora las están utilizando para presionar o pasar factura al institucional imponiéndole una agenda que es de ellos. De esa forma la jerarquía católica garantiza mantener el proyecto que han venido ejecutando a través del PAN con un PRI que se vislumbra como el más serio aspirante a inquilino de Los Pinos en el 2012. Jaque Mate de la institución más hábil, experimentada y poderosa del planeta en materia de política y asuntos de poder.
Otra lectura de lo que está ocurriendo con este PRI corrido hacia la derecha, tendría que pasar por los vínculos del neopanismo con el neopriismmo tecnócrata que manejan el país desde 1988 cuando Carlos Salinas de Gortari llegó al poder. La realidad es que el PRI, el auténtico, el de bases liberales-sociales, juarista y laico, con vínculos profundos con la masonería fue sacado de Los Pinos desde entonces y no ha logrado volver al poder. Un intento fallido fue Luis Donaldo Colosio, formado en la masonería, liberal de tradición y lejano al neopanismo-neopriista. No lo consiguieron.
No podemos olvidar que ese PRI neoliberal y tecnócrata ejecutó en el poder muchas de las propuestas del neopanismo y de algunos no tan neo, pero aliados al proyecto empresarial-conservador y de la jerarquía católica como Diego Fernández de Cevallos; si bien varias de dichas propuestas eran positivas para el país, de facto constituyeron una alianza terrible para la nación que la tiene sumida en un pozo sin rumbo y sin proyecto de desarrollo.
Hoy en día aquellos empresarios conservadores católicos detrás del PAN se alinean de nuevo con algunos sectores del PRI y de Peña Nieto para llevarlo al poder, llámense Salinas Pliego, Lorenzo Servitje o Emilio Azcárraga, todos buscan lo mismo: mantener el proyecto neoliberal y la agenda de la iglesia a costa de lo que sea. No olvidemos que ya lograron frenar a López Obrador y declararán la guerra a quien no entre en su premisa fundamental: dios y dinero.
Pero quizá cometieron un grave error al llevar a Peña Nieto al Vaticano con su novia. Un “déjà vu” foxista totalmente desafortunado que desnuda prematuramente el rostro verdadero detrás de la sonrisa de gobernador del Estado de México, y que ha irritado a gran parte del voto duro priista que sigue leal a los principios de laicidad del estado mexicano, y a muchos electores simpatizantes que empiezan a sospechar de la congruencia del “Golden Boy” mexiquense.
Sí, desafortunado para él, pero quizá no para otros, quienes hoy sonríen al mirar el grave error que ha cometido Peña Nieto y que puede ser preludio de muchos más. Afortunado pues para quienes -aunque suene paradójico- representan más que al viejo PRI, al auténtico, que más allá de sus defectos o virtudes respeta sus principios y doctrinas fundamentales: el que no cree en el neoliberalismo conservador (de nuevo las paradojas) que es, en sí, un engendro político. Fidel Herrera pudiera estar entre ellos.
Nota: agradezco a mi amigo Arturo Sastré que en senda y enriquecedora charla me dio elementos y argumentos para trazar estas conjeturas.
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