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Estilo y resultados en el deporte: Barcelona histórico PDF Imprimir E-mail
Escrito por Pablo del Ángel Vidal   
Martes, 22 de Diciembre de 2009 16:47

Epicus
Estilo y resultados en el deporte: Barcelona histórico
Pablo del Ángel Vidal
1. En cualquier deporte, pocas veces se tiene la sensación de estar ante equipos que marcan la historia con una huella digital inigualable, como sucede ahora con el Barcelona sinfónico de Pep Guardiola, una estrella Nova del fútbol mundial. Esperemos, por el bien del espectáculo, que esta rutilante Nova permanezca en el firmamento deportivo. Uno nunca sabe.
¿De qué singularidad hablamos? Se trata de una combinación entre estilo y resultados, como si pudiera fusionarse con facilidad un ideal cualitativo (el estilo) y un ideal cuantitativo (el campeonato). ¿Cómo lograr esta fusión en el deporte de alta competencia?, ¿cuál es la receta para asir el éxito estético junto al éxito resultadista? De entrada hay que decir: si hubiera receta deportiva para agradar con el estilo de juego y al mismo tiempo ganar campeonatos, entonces todos buscarían con ahínco aplicar dicha receta a rajatabla.
2. Tal vez, para rectificar la idea anterior, podría decirse que la receta es rara pero existe. Sucedería, entonces, que no todos los equipos pueden aplicar esa receta con igual habilidad. Por ello se quedan en la orilla, a pesar de buscar los dos lados de la moneda deportiva: deslumbrar a los aficionados por el estilo de juego y ser eficaces al competir por la cima, aquél lugar inhóspito que describió el legendario entrenador de futbol americano, Vince Lombardi, con románticas palabras: “Ganar no lo es todo. Es lo único”.
¿Quiénes han logrado esa combinación de gran estilo coronado con campeonatos? Daré, con plena subjetividad, mis referencias directas: en el béisbol, los durísimos bigotones Atléticos de Oakland (1972-1974), con Reggie Jackson, Catfish Hunter, Joe Rudi y Bert (bip bip) Campaneris; la Gran Máquina de los Rojos de Cincinnati (1975-1976) con Johnny Bench, Pete Rose y Joe Morgan; los Yanquis de Nueva York (1998-2000) con Bernie Williams, Derek Jeter, Andy Petite, Mariano Rivera y Paul O’neil; en el Básquet, los Lakers de los Angeles con Magic Johnson y Kareem Abdul Jabbar en los años 80s, al igual que Celtics de Boston de Larry Bird, Kevin MacHale y Dennis Johnson y Robert Parrish; en los años noventas, los Toros de Chicago de Michael Jordan y Scottie Pippen; en el fútbol americano, los Delfines de Miami de Don Shula (1972-1973), con Bob Griese y Larry Ksonka, los Acereros de Pittsburgh (1974-1979) de Chuck Noll, con Terry Bradsahw, Lynn Swan, Franco Harris, Joe Greene y Jack Lambert (1974,1975, 1978,1979); los Va
queros de Dallas de Tom Landry (1971-1982), con Roger Staubach, Tony Dorsette, Randy White y Cliff Harris; Los Raiders de Oakland de John Madden y Tom Flores (1975-1983), con Ken Stabler, Jim Plunkette, Dave Casper, Marcus Allen, Ted Hendricks, Lester Hayes, Matt Vaneghan; Los 49s de San Francisco (1981-1990) de Bill Walsh, con Joe Montana, Jerry Rice, Ronnie Lott y Randy Cross; Los Patriotas de Nueva Inglaterra de Bill Belichick (2001-2007), con Tom Brady, Vince Vinatieri, Teddy Brushi y Ashanta Samuel.
Todos esos equipos han tenido la onza de oro que combina estilo y trofeos.
3. Hay equipos que, con un estilo deslumbrante, se han quedado a la orilla de los campeonatos. Les ha faltado el ideal cuantitativo: el trofeo que los acredite como los mejores. Ejemplos: en el fut, la Holanda de 1974 y 1978, el Brasil de 1982, la Dinamarca de 1986; en el beis, los Bravos de Atlanta de los años noventa (un solo campeonato de 6 posibles); en el básquet, el Jazz de Utah de John Stockton y Karl Malone; en el futbol americano, los Cargadores de San Diego de Dan Fouts, Kellen Winslow y John Jefferson.
En sentido contrario, hay equipos que se han coronado con un estilo de piedra, apelando con gran personalidad y estrategia al resultado como baza máxima, con un estilo deslucido para la tribuna. Ejemplos: en el básquet, los Pistones de Detroit de Joe Dumars, Dennis Rodman e Isiah Thomas, en los años 80s; en el fut, la Italia de 1982; en el futbol americano, los Osos de Chicago de 1985, los Gigantes de Nueva York de 1987 y 1990, los Cuervos de Baltimore de 2001; en el beis, los Mellizos de Minnesota de 1987 y 1991.
Habrá polémica en ambos bandos porque en gustos se rompen géneros. Hay quienes dicen, como César Luis Menotti y Jorge Valdano, que todavía hoy se habla de la Holanda de Cruyff y Neeskens, lo cual es un elogio porque no ganaron pero son imborrables para el desarrollo del fut moderno; lo mismo que hay quienes gustan de la estrategia defensiva estilo Italia, o de el extenuante trabajo defensivo de los Pistones de Detroit en el básquet, el único equipo que pudo contener a su aérea majestad, Michael Jordan.
Apostar por una cara de la moneda, sabiendo que tiene dos. Sí: a veces hay que medir posibilidades. Pero es una huella digital no tan honda.
4. Con la obtención del Torneo Mundial de Clubes, 2-1 ante el equipo argentino Estudiantes de la Plata, resulta que Barcelona lo ha ganado todo en este 2009: seis campeonatos de seis competiciones posibles. Ningún equipo lo había logrado antes: ni el Santos de Pelé, ni el Madrid de Distéfano y Puskas, ni el Bayern Munich de Beckenbauer y Gerd Müller, ni el Nápoles de Maradona y Careca. En la lista de campeones múltiples en un solo año, sólo el Manchester United se acerca al Barcelona actual, con 5 trofeos en 1999; hay otros súper equipos con 3 trofeos de peso en un año (Liga, Copa y Champions) como el Ajax de Johan Cruyff, el Milán de Ruud Gullit, Marco Van Basten y Franco Baresi, y el PSV Eindhoven de Romario y Eric Gerets.
“Soy una persona cansada y feliz”, dijo Pep Guardiola después de la sexta final ganada en un año; “será difícil que otro equipo repita lo que hicimos”, puntualizó Leo Messi, quien ya reciente graffitis en su contra por el gol en tiempo extra ante sus paisanos del Río de la Plata.
Más allá de los logros cuantitativos, lo interesante es cómo este Barcelona reabre el debate sobre formas y estilos de juego en una época en que el triunfo lo es todo en el deporte de alto rendimiento, no importando el cómo. Al Barsa le importaron las dos cosas: el estilo y el resultado.
Y lo logró.
Luego abundaremos en el extraño caso del Barcelona sinfónico.

 

1. En cualquier deporte, pocas veces se tiene la sensación de estar ante equipos que marcan la historia con una huella digital inigualable, como sucede ahora con el Barcelona sinfónico de Pep Guardiola, una estrella Nova del fútbol mundial. Esperemos, por el bien del espectáculo, que esta rutilante Nova permanezca en el firmamento deportivo. Uno nunca sabe.

 

¿De qué singularidad hablamos? Se trata de una combinación entre estilo y resultados, como si pudiera fusionarse con facilidad un ideal cualitativo (el estilo) y un ideal cuantitativo (el campeonato). ¿Cómo lograr esta fusión en el deporte de alta competencia?, ¿cuál es la receta para asir el éxito estético junto al éxito resultadista? De entrada hay que decir: si hubiera receta deportiva para agradar con el estilo de juego y al mismo tiempo ganar campeonatos, entonces todos buscarían con ahínco aplicar dicha receta a rajatabla.

 

2. Tal vez, para rectificar la idea anterior, podría decirse que la receta es rara pero existe. Sucedería, entonces, que no todos los equipos pueden aplicar esa receta con igual habilidad. Por ello se quedan en la orilla, a pesar de buscar los dos lados de la moneda deportiva: deslumbrar a los aficionados por el estilo de juego y ser eficaces al competir por la cima, aquél lugar inhóspito que describió el legendario entrenador de futbol americano, Vince Lombardi, con románticas palabras: “Ganar no lo es todo. Es lo único”.

 

¿Quiénes han logrado esa combinación de gran estilo coronado con campeonatos? Daré, con plena subjetividad, mis referencias directas: en el béisbol, los durísimos bigotones Atléticos de Oakland (1972-1974), con Reggie Jackson, Catfish Hunter, Joe Rudi y Bert (bip bip) Campaneris; la Gran Máquina de los Rojos de Cincinnati (1975-1976) con Johnny Bench, Pete Rose y Joe Morgan; los Yanquis de Nueva York (1998-2000) con Bernie Williams, Derek Jeter, Andy Petite, Mariano Rivera y Paul O’neil; en el Básquet, los Lakers de los Angeles con Magic Johnson y Kareem Abdul Jabbar en los años 80s, al igual que Celtics de Boston de Larry Bird, Kevin MacHale y Dennis Johnson y Robert Parrish; en los años noventas, los Toros de Chicago de Michael Jordan y Scottie Pippen; en el fútbol americano, los Delfines de Miami de Don Shula (1972-1973), con Bob Griese y Larry Ksonka, los Acereros de Pittsburgh (1974-1979) de Chuck Noll, con Terry Bradsahw, Lynn Swan, Franco Harris, Joe Greene y Jack Lambert (1974,1975, 1978,1979); los Va

queros de Dallas de Tom Landry (1971-1982), con Roger Staubach, Tony Dorsette, Randy White y Cliff Harris; Los Raiders de Oakland de John Madden y Tom Flores (1975-1983), con Ken Stabler, Jim Plunkette, Dave Casper, Marcus Allen, Ted Hendricks, Lester Hayes, Matt Vaneghan; Los 49s de San Francisco (1981-1990) de Bill Walsh, con Joe Montana, Jerry Rice, Ronnie Lott y Randy Cross; Los Patriotas de Nueva Inglaterra de Bill Belichick (2001-2007), con Tom Brady, Vince Vinatieri, Teddy Brushi y Ashanta Samuel.

 

Todos esos equipos han tenido la onza de oro que combina estilo y trofeos.

 

3. Hay equipos que, con un estilo deslumbrante, se han quedado a la orilla de los campeonatos. Les ha faltado el ideal cuantitativo: el trofeo que los acredite como los mejores. Ejemplos: en el fut, la Holanda de 1974 y 1978, el Brasil de 1982, la Dinamarca de 1986; en el beis, los Bravos de Atlanta de los años noventa (un solo campeonato de 6 posibles); en el básquet, el Jazz de Utah de John Stockton y Karl Malone; en el futbol americano, los Cargadores de San Diego de Dan Fouts, Kellen Winslow y John Jefferson.

 

En sentido contrario, hay equipos que se han coronado con un estilo de piedra, apelando con gran personalidad y estrategia al resultado como baza máxima, con un estilo deslucido para la tribuna. Ejemplos: en el básquet, los Pistones de Detroit de Joe Dumars, Dennis Rodman e Isiah Thomas, en los años 80s; en el fut, la Italia de 1982; en el futbol americano, los Osos de Chicago de 1985, los Gigantes de Nueva York de 1987 y 1990, los Cuervos de Baltimore de 2001; en el beis, los Mellizos de Minnesota de 1987 y 1991.

 

Habrá polémica en ambos bandos porque en gustos se rompen géneros. Hay quienes dicen, como César Luis Menotti y Jorge Valdano, que todavía hoy se habla de la Holanda de Cruyff y Neeskens, lo cual es un elogio porque no ganaron pero son imborrables para el desarrollo del fut moderno; lo mismo que hay quienes gustan de la estrategia defensiva estilo Italia, o de el extenuante trabajo defensivo de los Pistones de Detroit en el básquet, el único equipo que pudo contener a su aérea majestad, Michael Jordan.

 

Apostar por una cara de la moneda, sabiendo que tiene dos. Sí: a veces hay que medir posibilidades. Pero es una huella digital no tan honda.

 

4. Con la obtención del Torneo Mundial de Clubes, 2-1 ante el equipo argentino Estudiantes de la Plata, resulta que Barcelona lo ha ganado todo en este 2009: seis campeonatos de seis competiciones posibles. Ningún equipo lo había logrado antes: ni el Santos de Pelé, ni el Madrid de Distéfano y Puskas, ni el Bayern Munich de Beckenbauer y Gerd Müller, ni el Nápoles de Maradona y Careca. En la lista de campeones múltiples en un solo año, sólo el Manchester United se acerca al Barcelona actual, con 5 trofeos en 1999; hay otros súper equipos con 3 trofeos de peso en un año (Liga, Copa y Champions) como el Ajax de Johan Cruyff, el Milán de Ruud Gullit, Marco Van Basten y Franco Baresi, y el PSV Eindhoven de Romario y Eric Gerets.

 

“Soy una persona cansada y feliz”, dijo Pep Guardiola después de la sexta final ganada en un año; “será difícil que otro equipo repita lo que hicimos”, puntualizó Leo Messi, quien ya reciente graffitis en su contra por el gol en tiempo extra ante sus paisanos del Río de la Plata.

 

Más allá de los logros cuantitativos, lo interesante es cómo este Barcelona reabre el debate sobre formas y estilos de juego en una época en que el triunfo lo es todo en el deporte de alto rendimiento, no importando el cómo. Al Barsa le importaron las dos cosas: el estilo y el resultado.

 

Y lo logró.

 

Luego abundaremos en el extraño caso del Barcelona sinfónico.

 

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