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"Los peces se amotinan contra el dueño del río". Joaquín Sabina.
Introducción: negociaciones y aromas que vienen de lejos
Felipe Calderón Hinojosa, Presidente de la República, cumplió tres años de gobierno este primero de diciembre. Más allá del rebote político que lo hizo llegar a la Presidencia casi de la misma manera que a Ernesto Zedillo, es la hora de un balance a la mitad del río, aunque los peces se amotinen. No es para menos: la sucesión presidencial en los partidos políticos se presenta en súper libre, con diferentes contendientes que roban los reflectores al actual inquilino de Los Pinos. "Tiempos acelerados en política son tiempos oportunistas", dice puntilloso el politólogo británico Anthony Giddens. Quizás ha viajado a México recientemente.
Lejos están los días en que regía sin problemas la frase "El que se mueve no sale en la foto", acuñada por don Fidel Velásquez. Felipe Calderón, en su función ejecutiva, quisiera que los actores políticos se movieran menos y ayudasen más (gobernadores, senadores, diputados, dirigentes nacionales partidistas, pejelagartos, funcionarios). Eso está lejos de ocurrir.
Lejos están los días en que un inquieto diputado panista, llamado Felipe Calderón, participaba en el programa televisivo Usted qué opina, de Nino Canún, a mediados de los años noventa. Felipe era rijoso, rollero y finalmente conciliador, un perfil argumentativo que le redituaría en las arenas políticas. Lejos queda, también, la participación de Calderón en un debate radiofónico candente con López Obrador, a propósito del Fobaproa, el llamado rescate bancario que polarizó al país entre 1997 y 1998, cuando el Gobierno Federal (Con Zedillo al mando) tuvo que apoquinar miles de millones de pesos para que el sistema financiero mexicano no hiciera crack. Desde esa ocasión, invitados por el periodista Jesús Gutiérrez Vivó (hoy congelado), las relaciones políticas entre Felipe y Andrés Manuel pintaban para una colisión, que finalmente ocurrió en la contienda presidencial del 2006, con sus secuelas del voto por voto gritado a las puertas de la Suprema Corte de Justicia.
Ciertamente, Felipe Calderón ha enfrentado un tiempo de crisis intensa; ciertamente, ha tomado decisiones que procuran atacar rezagos históricos de México: en seguridad pública, derecho a la información, políticas energéticas, políticas fiscales y tributarias. Pero las decisiones para atacar los rezagos no son automáticamente acciones con resultados. La agenda calderonista, si se mide por sus intenciones, pasa la prueba del añejo en estos primeros tres años del sexenio 2006-2012; pero no ocurre lo mismo si medimos esa agenda por sus resultados.
Y ya se sabe: en política los resultados mandan por sobre las intenciones.
Los panistas se quejan del PRI en el Congreso, por ejemplo, pero en política no se le puede pedir sin más a otros actores políticos que empujen una agenda que no es de ellos. La negociación no ha sido el fuerte del gobierno federal. Debe haber un quid pro quo, porque de otra manera se peca por ingenuidad o malicia.
Por supuesto, en el desencuentro de agendas sufre el país, sobre todo a través de los bolsillos ciudadanos.
Este reportaje busca conectar ciertas historias del pasado con el presente calderonista. El contexto histórico siempre ayuda a comprender lo que se juega en los días que corren, y de dónde viene lo que se juega y por qué.
También, este reportaje parte de la convicción de que el PAN se ha equivocado al ser gobierno por proteger demasiado a sus figuras políticas, en lugar de trabajar en equipo para lograr resultados significativos. Por ello, la gobernabilidad mediática que estila el PAN desde que llegó a Los Pinos, pasa por sus políticos deseosos de reflectores y consenso, pero no deseosos de trabajar en equipo de forma responsable.
Ahí, en esa crucial diferencia entre el ser y el parecer, entre el protagonismo caudillista (que no era actitud política del PAN) y el olvido de sus tradiciones democráticas (lo que sí era el PAN, que así pudo apelar a esa tradición para trabajar en equipo desde Los Pinos), se han perdido 9 años de desarrollo del país y de consolidación de la naciente democracia mexicana.
El PAN llegó primero en 2000 y 2006, pero olvidó que (como dice José Alfredo) "no hay que llegar primero, sino hay que saber llegar", y gobernar. El PAN, hasta ahora, ha sido mejor oposición que gobierno.
Finalmente, advierto al lector que algunos materiales de este reportaje han sido retomados, con reajustes y añadidos, de la columna Signos publicada precisamente aquí, en NN Veracruz. Sobre aviso no hay engaño.
I
Calderón y Zedillo: historias paralelas
Dos preguntas políticas similares: ¿quiénes pensaban en 1993 que Ernesto Zedillo Ponce de León llegaría a ser Presidente de México?, ¿quiénes pensaban en 2005 que Felipe Calderón Hinojosa sería Presidente de México? Las respuestas, con todo respeto, también son similares: ni los pepenadores, ni los conserjes, ni las empresas encuestadoras. No es que Zedillo y Calderón fueran invisibles para el ciudadano, pero había otros políticos en la fila y quizás con más méritos.
En 1993, el debate sucesorio en el PRI pasaba por Luis Donaldo Colosio, Manuel Camacho Solís y Pedro Aspe Armella; en el PAN, dominaba el nombre (y el puro) de Diego Fernández; en el PRD no había más chicharrones que los de Cuauhtémoc Cárdenas. Zedillo había sido triturado en sus aspiraciones presidenciales por el escándalo de los libros de texto gratuitos de Historia, a su paso por la Secretaría de la Educación Pública. En esos libros de historia (elaborados por varios historiadores cercanos al grupo Nexos) se llegaba hasta el entonces presente salinista, lo cual no cayó bien a la clase política nacional, lo mismo que el contrato de asignación del trabajo, discrecional, sin necesidad de subasta pública (Salinas y Zedillo eran cercanos a Héctor Aguilar Camín, director de Nexos).
Calderón había sido Secretario de Energía con Fox, pero un destape prematuro en Jalisco provocó la ira foxista y Felipe tuvo que empacar en 2004. Esta ruptura, sin embargo, obró a favor de Calderón en 2005 –durante la contienda interna del PAN- quien pudo vender un discurso democrático sin lastres foxistas, lo que no pudo hacer Santiago Creel Miranda, el candidato de las preferencias de Fox. De cualquier modo, una vez fuera del gabinete de Fox, se pensó que Felipe Calderón nada tenía que hacer en la contienda presidencial panista.
Las historias paralelas difieren en un punto: Zedillo fue designado por Colosio coordinador de campaña (¿o metió su cuchara Salinas?), y por ello tuvo que renunciar a la SEP; mientras que Calderón trabajó hacia el interior del PAN una serie de alianzas estratégicas con adversarios del foxismo, lo que le permitió competir por la grande.
A Calderón le benefició que Fox cometió error tras error al final de su gobierno; a Zedillo le benefició la ausencia de repuestos en el feudo salinista luego de la muerte de Colosio, por el berrinche de Manuel Camacho y el eclipse de Pedro Aspe, de quien cuenta Julio Scherer que podía contar en dos fotografías el declive salinista: al principio del salinato, Aspe llegaba en motocicleta a sus oficinas de Hacienda; al final, llegaba en coche blindado y con guardaespaldas.
Calderón y Zedillo compartían otro perfil: no eran animales políticos, sino técnicos de la política. Ninguno de los dos era visto como un político de siete suelas. A lo sumo, se reconocía su perfil de eficiencia, pero nada más.
La clase política mexicana es trepadora, pero también –¿paradoja saludable?- respetuosa del escalafón. Las generaciones políticas no ven bien los saltos entre ellas. Me parece entonces que estos dos presidentes, al llegar de rebote a Los Pinos, por una serie de circunstancias imprevisibles, más que por reconocimiento de sus propios compañeros de ruta, no tuvieron cohesión en su equipo, siendo vistos como advenedizos de un momento desafortunado de la política mexicana.
Calderón y Zedillo se saltaron a una generación de políticos, y ello fue detonante de su soledad en Los Pinos. Ninguno de los dos, por ese elemento fortuito que les permitió llegar a la cumbre, ha tenido el liderazgo suficiente para conducir al país a buen puerto. Zedillo ya no tiene tiempo a su favor. A Calderón le faltan tres años, pero entre otras cosas tiene el récord de cambios en la Secretaría de Gobernación. Por supuesto, falta la recta final de su sexenio, pero el efecto liderazgo no puede surgir de estrategias mediáticas, como parece ser la apuesta de Calderón.
Zedillo tuvo en sus manos y utilizó la llave de la transición política en México. Ese resultado fue gigantesco: un priísta sin identidad priìsta fue quien abrió las puertas del PAN a la Presidencia de México. Finalmente, la historia de Calderón y Zedillo se cruza en el Fobaproa: como líder de la bancada panista, Calderón encabezó en 1998 la negociación con el PRI para cargar a la cuenta pública las deudas privadas impagables.
Hay una tesis de licenciatura, escrita por Alma Delia Acosta Romero en la Universidad de Xalapa (2001), que abona la hipótesis de que Zedillo y el PAN negociaron una contienda sin trampas para la elección presidencial del 2000, precisamente a través de la firma al alimón del Fobaproa. Si esto ocurrió, Fox iba en caballo de hacienda rumbo a Los Pinos. Y Calderón le puso la firma simbólica, con la zurda.
Es momento de abandonar a Calderón y Zedillo, para abordar las historias de Calderón y Fox
II
Calderón y Fox: domar a la divina garza
Se trata de una historia de desencuentros, aunque de conveniencias mutuas. Los Pinos dan sombra y silencio. Pero en tres años Calderón no ha podido silenciar a Fox, el político que con botas relucientes y hebilla gigantesca llegó a donde (por su nula capacidad intelectual) simplemente no debió haber llegado.
Claro, es fácil decirlo ahora, en diciembre de 2009. Había que hablar antes, porque casi todos (políticos, analistas, ciudadanos) nos resbalamos entre 1997 y 2000, cuando subió como la espuma el meteoro Fox. Por ejemplo, Andrés Manuel López Obrador, en ese entonces líder nacional del PRD, dijo en charla con el semanario Proceso: "en unas [elecciones] primarias de oposición, si gana Fox, votaría por él para Presidente".
Esos tiempos también están lejos, muy lejos. Por tanto, pasemos a historias un poco más recientes.
En diciembre de 2008 se dieron a conocer documentos jurídico/religiosos que hablaban de tendencias histriónicas e histéricas del ex presidente Vicente Fox. En ese tiempo se cumplían dos años del esforzado pero tenso gobierno de Felipe Calderón, sucesor sorpresivo que en su momento fue obstaculizado por Fox en su ruta hacia la candidatura panista. En 2004 y 2005, Fox estaba subido en el caballo de Santiago Creel (su secretario de Gobernación) y en la mula del desafuero a López Obrador (su Némesis).
Y se cayó de ambos.
Fox, quizás ilusionado por un revival peronista con su esposa Martha como Evita, no vio llegar a un discreto pero audaz Calderón que tejió su traje presidencial al interior del Consejo Nacional blanquiazul, por fuera de la esfera política foxista. Demos ahora los detalles: esto sucedió cuando por un acto de destape en Jalisco, promovido por el entonces Gobernador de extracción panista, Francisco Ramírez Acuña, a Calderón le lanzaron un ‘comes y te vas’ de la Secretaría de Energía, que lo obligó a renunciar. Ya lo dije: fue un golpe político de Fox a Calderón, que con el tiempo repercutió a favor de Felipe en las votaciones de membresía panista. El grueso del panismo veía a un Fox desarticulado, en pleno declive, sin estrategias, sin consensos, sin reformas estructurales y sin retóricas efectivas. Así perdió el charro Creel, como hombrecito casado con el proyecto foxista, la ruta hacia Los Pinos.
Fox no tuvo, desde ningún ángulo, control de la sucesión presidencial. No domó a su partido, y mucho menos tumbó la candidatura lopezobradorista en el PRD o enjabonó la madracista en el PRI. Signo saludable para la Presidencia otrora imperial. Pero no fue un signo de autonomía política auspiciada desde Los Pinos, sino de frustrado metichismo y amarres erráticos por parte de Fox. A manera de contraste, recuerdo los días de marzo de 1994, cuando varios priístas distinguidos después del asesinato de Colosio no pudieron impedir la llegada de Ernesto Zedillo Ponce de León para el relevo de la candidatura presidencial en el PRI. En ese entonces, como vendedor de ilusiones modernizadoras, Carlos Salinas de Gortari tenía pleno control del aparato priísta en aquella batalla caracterizada por la prensa como Dinos (políticos del viejo estilo) contra Renos (políticos supuestamente renovadores). Salinas platicó en días sucesivos con los expresidentes vivos (De la Madrid, López Portillo, Echeverría) y otros viejos lobos del príato (como Sir Matusalén Fidel Velásquez y el escurridizo Carlos Hank González) pero no soltó prenda. Algo que Fox no pudo hacer en el PAN, no porque no quisiera: quiso imponer sucesor, con todo y sospechosismo creelista, pero no pudo.
Y Calderón, como se dice en la jerga política, ganó pero se sacó la rifa del tigre.
Dos años de tensas relaciones entre Fox y Calderón se han convertido en tres, más lo que se acumule, a juzgar por los hechos públicos reseñados por los medios en este lapso, y las declaraciones de ambos personajes, junto con políticos cercanos a ellos.
Al principio del sexenio calderonista, por las idas de boca que exhibió Fox (conferencias públicas en Estados Unidos) la impresión fue que no habían amarrado los dos siquiera un pacto básico de transición entre gobiernos. Fox rompía cada semana la regla no escrita del silencio de ex presidentes sobre asuntos públicos, y las piedras se le multiplicaban a Calderón, de por sí ocupado con el factor de la legitimidad en entredicho.
Dejemos atrás las revistas del jet set que mostraron la remodelación de la residencia y la hacienda de Fox en Guanajuato, y que incluso motivaron un debate sobre la necesidad de investigar el posible enriquecimiento inexplicable del (así llamado por esos días) zorro con botas, abriéndose una investigación que se sumó a la comisión especial de la cámara de diputados que investigaba a los hermanos Bibriesca por tráfico de influencias, los hijos del primer matrimonio de la señora Martha Sahagún de Fox.
Dejemos atrás las gestiones de Fox para construir un movimiento político latinoamericano para –desde la derecha política- conjugar libre empresa y catolicismo en una especie de social democracia cristiana con poder adquisitivo. Ornitorrinco político. Dejemos atrás el hecho de que a Fox le ayudó Manuel Espino en esa encomienda, todavía como líder nacional del PAN en el primer año del gobierno calderonista. Este protagonismo llevó a Fox a enfrentarse en la arena retórica con el suavecito Hugo Chávez, lo que estuvo a punto de provocar una crisis diplomática México-Venezuela. ¿Calderón? Por lo que vino después, veía y anotaba.
¿Qué vino después? Un episodio que algún día tendrán que aclarar los protagonistas, pero que ha sido cubierto con un velo clásico de silencio: cuando Fox tomó de nuevo la ruta mediática en cuestiones nacionales, el entonces Secretario de Gobernación Ramírez Acuña comentó, en clarísima alusión: "El que se va, se calla". Parecía notorio el recado calderonista a Fox. Pero un mes después Ramírez Acuña, el mensajero (¿o tal vez habló por su cuenta?), fue sustituido por Juan Camilo Mouriño en la Secretaría de Gobernación. ¿Qué pasó? La negociación implícita pareció cabeza (de Bucareli) por el silencio mediático de Fox, que curiosamente sólo abandonó su bajo perfil en un acto político panista de aniversario, y recientemente para señalar que se necesitan impuestos generalizados (lo que no hizo en su sexenio, dicho sea de paso). Ramírez Acuña reapareció como legislador panista, mientras que Mouriño desapareció trágicamente de la escena política.
Fox sigue ahí.
La sensación dominante es que Fox cuenta entre sus activos políticos la accidentada elección presidencial del 2006, que parece seguir cobrándole a Calderón. Por supuesto, con su imagen actual, Fox no irá a ninguna parte, pero puede ser factor tras bambalinas. Lo que debería preocupar a Calderón, enfrascado ahora en combatir el desánimo nacional, la inseguridad, la influenza y una crisis económica por falta de presupuesto, que apenas ha sido paliada en el Congreso.
Calderón y Fox han tenido que convivir en la misma mesa política. Lo han hecho a regañadientes. No son de la misma pasta, porque no son de la misma línea ideológica del PAN. Calderón viene de la política pensante, aunque conservadora, practicada por don Carlos Castillo Peraza, gran intelectual yucateco y de larga trayectoria política; Fox viene de la política atrabancada del neopanismo empresarial, encarnada por Manuel J. Clouthier, alias Maquío. Hay diferencias sustantivas en ambas tradiciones panistas. Por ello, los dos políticos no están contentos: ni Calderón con su antecesor, ni Fox con su sucesor. Pero no moverán las aguas en el PAN antes del 2011, cuando el candidato presidencial del blanquiazul se vislumbre en el horizonte.
¿Qué hará Calderón con Fox? Esa piedra en el zapato puede convertirse en una batalla por posiciones estratégicas en el PAN, incluyendo la dirigencia nacional que ahora encabeza el calderonista César Nava.
III
Calderón: agenda, mal fario y el jazz de la contradicción
Calderón y ha dado la batalla en cuestiones de seguridad, ha capoteado la Influenza, pero ha sido perseguidos por la crisis económica que vino del norte y por la muerte de Juan Camilo Mouriño, su segundo Secretario de Gobernación, que a decir de muchos era su carta fuerte para la contienda presidencial del 2012.
Veamos cuestiones de seguridad: intensificación de las revisiones/aduanas en carreteras y operativos del ejército en estados clave del país, como Michoacán, Sonora, Jalisco, Sinaloa, Tamaulipas y Nuevo León. Muchos se quejan por derechos humanos en riesgo, pero es difícil tratar de hacer algo contra el crimen organizado sin apretar algunas tuercas. De cualquier modo, los reclamos sobre derechos humanos en riesgo tienen que escucharse, para evitar abusos de la autoridad contra ciudadanos que no la deben pero sí la temen. Otro punto delicado son los informes falsos que desliza el crimen organizado sobre funcionarios (estatales y municipales) que tratan de hacer su trabajo. Reportes periodísticos nacionales y de Michoacán, por ejemplo, señalan que varios alcaldes fueron incriminados por resultar incómodos para los narcotraficantes. Entre ellos, como indiciados, hay tres profesores de primaria con larga trayectoria en la lucha social. Así que los embrollos pueden estar a la orden del día, con pistas falsas que se siembran y que las autoridades siguen al pie de la letra, sin investigar a fondo la procedencia de las mismas y la propia realidad de los municipios.
Sobre las contradicciones del gobierno federal encabezado por Calderón, hay historias que son legión. Un aforismo paradójico dice: "los volubles nunca cambian". Bueno, la palabra que aplica al gobierno federal en este sexenio es volubilidad. Volubilidad significa, en este contexto, no tener una estrategia clara de gobierno en rubros estratégicos y entonces reaccionar coyunturalmente, conforme se mueve la realidad. Desde luego que pueden existir hechos imprevistos que cambian la ruta gubernamental en algunos rubros. Pero no debe pensarse que cada evento real significativo requiere un cambio de postura gubernamental.
Esa es la impresión que –creo- deja Calderón como gobernante: un jazz movido, con acciones mediáticas de relumbrón, pero finalmente un jazz contradictorio y un tanto autocomplaciente.
Una pequeña muestra de este jazz calderoniano de la contradicción.
Primer acto: varios empresarios de peso nacional piden claridad en el paquete presupuestal 2010 a discutir en el Congreso, lo que incluye medidas fiscales adicionales e impuestos de todos tan temidos (con porcentajes mayores).
Segundo acto: Calderón recrimina a la clase empresarial por no pagar impuestos de manera suficiente, y los acusa directamente de eludir pagos con estrategias poco éticas.
Tercer acto: el secretario de Hacienda, Agustín Cartens, explica que los empresarios sí pagan impuestos, aunque con diferentes estrategias (legales) reducen el monto que tienen que depositar en las arcas gubernamentales. Por lo demás, Cartens dice: "Ratifico lo dicho por el Presidente Calderón". Cuestión normal, como colaborador de Calderón que es, pero no dice exactamente qué ratifica.
Cuarto acto: los empresarios (Coparmex, Canaco, Canirac) enfatizan que no violan la ley y que cumplen su compromiso social de generación de empleos. Dicen también que no es tiempo de discordia, sino tiempo de sumar para fortalecer a México.
Quinto acto: Calderón rectifica y suaviza su posición, reconociendo que la clase empresarial cumple con sus obligaciones fiscales. Atrás quedaron los señalamientos briosos sobre la clase empresarial incumplida.
Sexto acto: un boletín de la Secretaría de Gobernación explica que "las discrepancias entre la clase empresarial y los funcionarios federales son producto de la libertad de expresión" y de posturas divergentes pero entendibles en un marco democrático. Fin del tango, con explicación idílica y falsa. La clase empresarial celebra el comunicado oficial que da por concluido el conflicto de declaraciones.
En este jazz de la contradicción se observa una consecuencia negativa: los actores involucrados no sabrán qué fue lo que estuvo en el fondo del debate (o lo ocultarán a la opinión pública), pues al situar un final a modo (políticamente correcto) no reconocen que esto puede ocurrir de nuevo en un marco de mayor complejidad. Procesar los problemas de esa manera conduce a una quietud pública que ayuda en el corto plazo, pero que poco ayuda al procesamiento real de los problemas, a mediano y largo plazo, entre actores públicos.
Y Calderón parece contentarse con entrevistas exclusivas en el canal de las estrellas.
Un punto clave de los fallos gubernamentales de Calderón es la ausencia de equipo. Por razones diversas, esta falla estructural golpea a los gobiernos federales del PAN. Lección: no es fácil gobernar a México desde la burbuja de una cúpula. También: no es fácil gobernar con una base social raquítica (sólo empresarios y clase media alta se sienten arropados). Eso le ha sucedido al PAN, creo.
Van los aforismos sobre la ausencia de equipo:
-Ausencia de equipo es rectificar las declaraciones de tu gabinete.
-Ausencia de equipo es no saber cómo y con quién negociar en el Congreso de la Unión.
-Ausencia de equipo es pensar que protegiendo al Poder Ejecutivo se protege el país.
-Ausencia de equipo es ausencia de gobierno responsable, pero quién mete las manos por quién. He ahí el dilema de Calderón.
-Ausencia de equipo es monopolizar la voz del PAN (con César Nava).
-Ausencia de equipo es individualismo con camisa de fuerza.
-Ausencia de equipo es, después de todo, acordar algunas políticas de gobierno con legisladores del PRI, y que luego esta negociación se caiga.
-Ausencia de equipo es una verdad incómoda para todos, no sólo para Los Pinos azules.
Calderón se presenta ante gobernadores y señala sus errores con un reporte judicial hecho a nivel federal. No es buena estrategia, porque precisamente lo que falla a nivel federal es revisar con autocrítica las acciones gubernamentales. El dice: "no habrá tregua, no habrá fuero, no habrá complacencias", en estos tiempos ya electorales, pero no aplica el mismo rasero que quiere aplicar a los gobernadores.
No creo que los gobernadores sean monedita de oro, por supuesto, pero las formas políticas al señalar la paja ajena nos devuelven a la viga de quien señala. Por ello, a Calderón a veces le llueve como si anduviera en campaña. Desde ambos lados del dial ideológico nacional, Calderón se ha visto sometido a señalamientos políticos que no ayudan, por ejemplo, a un mejor desarrollo de los operativos federales de combate al crimen organizado en los estados. Eso por el lado de la eficacia judicial. Por el lado del encono político, las cosas siguen subiendo de tono y el País lo resentirá, como resiente desde el 2006 la polarización discursiva de las campañas presidenciales.
El PAN, eso sí, realiza campañas eficaces de propaganda política. Es su sello como partido, y por ello la alternancia presidencial llegó por la derecha con el parlanchín Fox en el 2000. Pero insisto: no puedo decir lo mismo de la eficacia gubernamental blanquiazul. En términos de resultados como gobierno federal, con 9 años en Los Pinos, el PAN queda a deber mucho de lo que dijo que haría. No hay una correspondencia directa entre su discurso mediático electoral y sus raquíticos logros gubernamentales.
Lo digo como mero observador de la política: creo que el PAN se mantendrá en la pelea electoral, rumbo al 2012, por sus formas propagandísticas. Esto es un mérito de formas políticas y escenografía, pero no un mérito de fondo por acciones gubernamentales eficaces y una ética verdaderamente diferente. Lo presume Calderón, pero es otra apariencia que se quiere vender como verdad. Ahora bien: justo es decir que el PAN no tiene culpa por la torpeza mediática de sus adversarios. Cada quien tiene los promos que se merece. Pero hay que advertir un punto fundamental: las agendas de encono que propicia la estrategia mediática del PAN olvidan el piso de civilidad que debería regir el escenario público, para que –gane quien gane- el país no llegue a tensiones insoportables. Así no gana nadie: perdemos todos, incluyendo quienes no participamos activamente en la política. ¿Pensarán en eso Calderón y el PAN? No lo creo. Se notaría un cambio de estrategia. Son 3 años de gobernabilidad mediática. Esto es: la incongruencia resultante entre la información oficial transmitida por medios electrónicos (sobre todo TV y Radio) y otro tipo de informaciones que circula por diferentes vías (revistas especializadas, institutos de investigación, prensa escrita, organismos internacionales, expertos en economía y política), además del pilón que es la durísima realidad cotidiana de millones de mexicanos. Porque mire usted, estimado lector: ¿En dónde quedan los discursos oficiales cuando los pesos no alcanzan para el gasto familiar, por más que se esfuercen las clases media y baja en el multichambismo?
Calderón tiene su principal crítica no en el periodismo, sino en los bolsillos vacíos de millones de mexicanos.
IV
Calderón: aforismos sobre la ausencia de equipo
Un punto clave de los fallos gubernamentales de Calderón es la ausencia de equipo. Por razones diversas, esta falla estructural golpea a los gobiernos federales del PAN. Lección: no es fácil gobernar a México desde la burbuja de una cúpula. También: no es fácil gobernar con una base social raquítica (sólo empresarios y clase media alta se sienten arropados). Eso le ha sucedido al PAN, creo.
Van los aforismos sobre la ausencia de equipo:
-Ausencia de equipo es rectificar las declaraciones de tu gabinete.
-Ausencia de equipo es no saber cómo y con quién negociar en el Congreso de la Unión.
-Ausencia de equipo es pensar que protegiendo al Poder Ejecutivo se protege el país.
-Ausencia de equipo es ausencia de gobierno responsable, pero quién mete las manos por quién. He ahí el dilema de Calderón.
-Ausencia de equipo es monopolizar la voz del PAN (con César Nava).
-Ausencia de equipo es individualismo con camisa de fuerza.
-Ausencia de equipo es, después de todo, acordar algunas políticas de gobierno con legisladores del PRI, y que luego esta negociación se caiga.
-Ausencia de equipo es una verdad incómoda para todos, no sólo para Los Pinos azules.
Calderón se presenta ante gobernadores y señala sus errores con un reporte judicial hecho a nivel federal. No es buena estrategia, porque precisamente lo que falla a nivel federal es revisar con autocrítica las acciones gubernamentales. El dice: "no habrá tregua, no habrá fuero, no habrá complacencias", en estos tiempos ya electorales, pero no aplica el mismo rasero que quiere aplicar a los gobernadores.
No creo que los gobernadores sean monedita de oro, por supuesto, pero las formas políticas al señalar la paja ajena nos devuelven a la viga de quien señala. Por ello, a Calderón a veces le llueve como si anduviera en campaña. Desde ambos lados del dial ideológico nacional, Calderón se ha visto sometido a señalamientos políticos que no ayudan, por ejemplo, a un mejor desarrollo de los operativos federales de combate al crimen organizado en los estados. Eso por el lado de la eficacia judicial. Por el lado del encono político, las cosas siguen subiendo de tono y el País lo resentirá, como resiente desde el 2006 la polarización discursiva de las campañas presidenciales.
El PAN, eso sí, realiza campañas eficaces de propaganda política. Es su sello como partido, y por ello la alternancia presidencial llegó por la derecha con el parlanchín Fox en el 2000. Pero insisto: no puedo decir lo mismo de la eficacia gubernamental blanquiazul. En términos de resultados como gobierno federal, con 9 años en Los Pinos, el PAN queda a deber mucho de lo que dijo que haría. No hay una correspondencia directa entre su discurso mediático electoral y sus raquíticos logros gubernamentales.
Lo digo como mero observador de la política: creo que el PAN se mantendrá en la pelea electoral, rumbo al 2012, por sus formas propagandísticas. Esto es un mérito de formas políticas y escenografía, pero no un mérito de fondo por acciones gubernamentales eficaces y una ética verdaderamente diferente. Lo presume Calderón, pero es otra apariencia que se quiere vender como verdad. Ahora bien: justo es decir que el PAN no tiene culpa por la torpeza mediática de sus adversarios. Cada quien tiene los promos que se merece. Pero hay que advertir un punto fundamental: las agendas de encono que propicia la estrategia mediática del PAN olvidan el piso de civilidad que debería regir el escenario público, para que –gane quien gane- el país no llegue a tensiones insoportables. Así no gana nadie: perdemos todos, incluyendo quienes no participamos activamente en la política. ¿Pensarán en eso Calderón y el PAN? No lo creo. Se notaría un cambio de estrategia. Son 3 años de gobernabilidad mediática. Esto es: la incongruencia resultante entre la información oficial transmitida por medios electrónicos (sobre todo TV y Radio) y otro tipo de informaciones que circula por diferentes vías (revistas especializadas, institutos de investigación, prensa escrita, organismos internacionales, expertos en economía y política), además del pilón que es la durísima realidad cotidiana de millones de mexicanos. Porque mire usted, estimado lector: ¿En dónde quedan los discursos oficiales cuando los pesos no alcanzan para el gasto familiar, por más que se esfuercen las clases media y baja en el multichambismo?
Calderón tiene su principal crítica no en el periodismo, sino en los bolsillos vacíos de millones de mexicanos.
Conclusiones: gobernabilidad mediática versus bolsillos vacíos
Conclusiones: gobernabilidad mediática versus bolsillos vacíos
III
Calderón: agenda, mal fario y el jazz de la contradicción
II
Calderón y Fox: domar a la divina garza
I
Calderón y Zedillo: historias paralelas
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